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Oda al equilibrio inestable

 Para MAri, en gratitud por su inspiración  “no hay mutación en la estabilidad pero todo el mundo quiere descubrir la clave de la salud“ María José Giménez Bueno Hay quien busca la estabilidad como quien busca un puerto del que no volver a partir. Pero la Vida nunca hizo de la quietud su morada. Las estrellas arden. Los bosques mudan. Las células se renuevan. El corazón late porque nunca permanece igual entre un instante y el siguiente. La Vida no busca la estabilidad. Busca la estabilidad suficiente para seguir mutando. El árbol no permanece erguido porque desafíe al viento, sino porque ha aprendido a conversar con él. El río conserva su identidad precisamente porque no deja de fluir. Y nosotros... Nos enfermamos cuando confundimos el equilibrio con la inmovilidad. Porque todo equilibrio vivo es una delicada negociación entre aquello que permanece y aquello que pide nacer. Quizá la salud no sea un estado. Quizá sea un arte. El arte de sostener una forma sin impedir que la Vid...

El pasajero de lo pasajero

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De la tiranía del mapa a la libertad del camino «La mente solo gobierna tu vida porque tienes miedo de no confiar en nada. No confías en ti, no te amas a ti mismo. Esta es la enfermedad de la homogeneización. Es toda esta penetrante y abominable fealdad. Solo puedes liberarte del miedo cuando confías en tu propia autoridad. Y solo puedes confiar en tu propia autoridad cuando has experimentado por ti mismo.» — Ra Uru Hu Buscar Hay versos que permanecen en silencio durante años, esperando el instante exacto en que la experiencia los vuelva transparentes. Vivimos atrapados en una fealdad sutil pero omnipresente: la enfermedad de la homogeneización. Es el cansancio sordo de una mente que intenta dirigir la vida mediante conceptos, juicios y expectativas prestadas, impulsada por el miedo a no poder confiar en sí misma. Durante mucho tiempo creí que los grandes mapas de autoconocimiento servían para responder preguntas trascendentales. Buscaba una cartografía sagrada que me salvara del ruido...

Las formas visibles de un tejido vivo

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De la personalidad a la esencia « Uno no debe abandonar. oh Kaunteya, el deber que le  corresponde por naturaleza, aunque sea imperfecto; porque  toda acción en su comienzo está envuelta en imperfección,  como el fuego en el humo. » —  Bhagavad Gītā Quizá el viaje de la personalidad a la esencia no consista en convertirnos en alguien diferente. Quizá consista, sencillamente, en  aprender a mirar de otra manera . La personalidad necesita un mundo hecho de objetos. Nombra, clasifica, compara y fija. Dice: "yo", "tú", "esto", "aquello". Necesita reconocer formas estables para poder orientarse en la complejidad de la experiencia. La esencia, en cambio, comienza a descubrir que toda forma participa de algo mucho más amplio que ella misma . Asume las formas y las contempla como expresiones transitorias de un tejido vivo. Vivimos rodeados de objetos. Nombramos árboles, personas, montañas, ríos, ideas, emociones e incluso a nosotros mismos como si cada u...

ser Y no-ser: la danza del florecimiento

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" Al peral acude, no al olmo, si quieres peras ". — Publilio Siro “Señor, concédenos serenidad para aceptar las cosas que no podemos cambiar, valor para cambiar las que sí podemos, y sabiduría para discernir la diferencia.” — Reinhold Niebuhr “Se dice que, hace mucho tiempo, Dios llamó a los ángeles y les ofreció la responsabilidad de tomar decisiones; ellos, muy sabiamente, declinaron, prefiriendo permanecer en su inalterable perfección de armonía con el universo. Dios pidió entonces a las montañas que aceptaran la responsabilidad, y ellas también se negaron, contentas de estar sometidas pasivamente a las fuerzas de la naturaleza. Pero cuando Dios ofreció al hombre el don de la responsabilidad, la ignorante criatura lo aceptó porque no comprendía lo que conllevaba.” —  Hassan Fathy A nadie se le ocurre juzgar a un árbol por ser fiel a su propia semilla. Sin embargo, los seres humanos pasamos buena parte de nuestra vida exigiéndole a nuestra bioforma, y a la vida de los demá...

De la esencia a la personalidad

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Hace unos días sostenía a mi hijo piel con piel sobre mi pecho Su cabeza descansaba a la altura de mi corazón Permanecimos así durante largo rato Respirando No recuerdo haber pensado nada El peso de su cuerpo El calor La respiración Y un silencio que las palabras no aciertan a esbozar A veces abre sus brazos También sus manos Sus palmas quedan orientadas hacia el mundo Como si estuviera recibiendo algo grande O entregándose a ello No lo sé Sus ojos se encuentran con los míos Y, durante unos instantes, desaparece la necesidad de nombrar Cuando llora, un pequeño temblor aparece en su barbilla Lo tomo en brazos Respiro Susurro cerca de su oído Espero Poco a poco el llanto encuentra su propio cauce En la noche observo su expresión mientras duerme Descubro una riqueza ahí que me deslumbra Algo que no sé explicar Tampoco quiero hacerlo Los días pasan Llegan nuevos gestos Nuevos sonidos Nuevas expresiones La personalidad empieza a brotar  La vida continúa A veces, mientras lo contemplo,...