Una invitación a vivir
La alegría emerge cuando la atención regresa a lo esencial: vivir. — dao
La conciencia histórica, por dolorosa que sea, es siempre preferible a la alienación.
Han pasado casi cuatro años desde que escribí Vuelve a ti y honra tu película. Aquel texto nació de una intuición sencilla y exigente a la vez: algo esencial se pierde cuando dejamos de mirarnos desde dentro y empezamos a vivir según guiones ajenos. No hablaba entonces de teoría, sino de experiencia. De la constatación de que, sin darnos cuenta, muchos seres humanos aprendemos muy pronto a no estar del todo presentes en nuestra propia vida.
Hoy siento que ese escrito pedía continuidad. No tanto para corregirlo ni mejorarlo, como para reorientar cuidadosamente la atención.
Porque con el tiempo se vuelve evidente que el núcleo del malestar contemporáneo no es la falta de recursos ni de información, sino algo más determinante y silencioso: la atención desviada de la vida.
El punto donde la vida decide no mentirse más
El I Ching nombra en el hexagrama 58 —tradicionalmente asociado a la alegría— un momento que rara vez se subraya lo suficiente: su cuarta línea. No habla de euforia ni de celebración. Habla de deliberación, de separación, de una incomodidad que no ofrece reposo inmediato. Es el punto exacto donde algo debe ser visto con claridad, aunque duela.
Es ahí donde la vida decide no seguir sosteniendo la mentira.
No la mentira como falsedad consciente, sino como acomodación, como anestesia necesaria para sobrevivir en entornos que no reconocen la singularidad ni la vulnerabilidad humana. Esa es la alienación de la que habla Cheikh Anta Diop: una forma de vivir que puede resultar funcional, incluso cómoda, pero que empobrece la vida.
La conciencia —histórica, personal, corporal— duele porque desvela. Pero también restaura el foco.
Alienación y enfoque: dos fuerzas en tensión
En mi propio recorrido, el escenario enmarcado por el nodo norte 58.4 en Personalidad y 38.5 en Diseño, estas dos líneas se han mostrado como un campo de aprendizaje constante para mi durante los últimos 10 años.
- 38.5 — Alienación:obstinación, lucha en aislamiento, energía que se gasta en oponerse sin verdadero sentido ni profundidad.
- 58.4 — Enfocar:una impresionabilidad que, ante el exceso de estímulos, necesita aprender a discernir qué merece realmente la atención.
Esta tensión no es abstracta. Se revela y se palpa en lo cotidiano: en la saturación informativa, en la comparación constante, en la presión por adaptarse a modelos de vida que prometen felicidad a cambio de homogeneización. La cultura dominante no suele aplastar al individuo con violencia abierta; lo hace dispersando su atención, fragmentando su percepción, erosionando lentamente su capacidad de sentir qué es verdadero para él.
Cuando la atención está secuestrada, la vida continúa, pero pierde centro.
Discernimiento vital: una elección sin reposo
En lugar de juzgar o rechazar el mundo, discernir es separar lo vivo de lo muerto, lo esencial de lo accesorio. Es un movimiento interno que exige presencia y responsabilidad. Por eso hablo aquí de discernimiento vital: una actitud que incide directamente en la calidad de la energía y de la vida.
Apreciación vital: volver a valorar la vida
Cuando la alienación comienza a disolverse, lo primero que se recupera no es el entusiasmo, sino la capacidad de apreciar. Apreciar el cuerpo, el silencio, la diferencia, el ritmo propio. Apreciar la vida tal como se manifiesta, sin adornos ni promesas.
Esta apreciación, cuando es profundamente encarnada, es la vida reconociéndose a sí misma como valiosa, incluso en la fragilidad.
Aquí emerge lo que me gusta llamar sobriedad vital: una forma de estar que no necesita excesos, ni estímulos permanentes, ni relatos épicos. La vida vuelve a sentirse viva porque deja de estar adulterada.
Y es desde ahí —no antes— que la alegría puede aparecer como consecuencia natural, pero no como objetivo.
Cartografías al servicio de la singularidad
En este proceso han sido fundamentales distintas herramientas de observación —Diseño Humano, Eneagrama, Claves Genéticas— no entendidas como sistemas para definir identidades, sino como mapas que se complementan y permiten reconocer cómo la vida se organiza, se defiende y puede desplegarse en cada ser humano.
Integradas en lo que he llamado Bioforma Humana, estas cartografías ayudan a ver:
cómo la energía se despliega en el cuerpo,
cómo la personalidad se estructuró para proteger la vulnerabilidad,
y cómo la conciencia se refina con paciencia y naturalidad.
El decondicionamiento, entonces, sucede mientras la atención vuelve a casa; sin necesidad de forzar nada.
Volver a uno mismo, hoy
Un ser humano presente, atento y enraizado es menos manipulable, menos reactivo y se encuentra disponible para contribuir desde su singularidad. La diferencia deja de vivirse como amenaza y se convierte en expresión natural y necesaria de la vida colectiva.
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